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Relación entre el deterioro cognitivo y pérdida auditiva

La audición forma parte de la vida de los seres humanos desde el vientre materno; de acuerdo con investigaciones, desde la semana 20 de gestación el feto percibe sonidos: la voz y latidos del corazón de su madre, y 5 semanas después su oído está completamente maduro y escucha los ruidos ambientales, reaccionando con muecas faciales, frunciendo el ceño, o incluso haciendo movimientos repentinos cuando se asusta.

En los primeros años de vida se establece el lenguaje y la comunicación verbal gracias a nuestro sistema auditivo, por lo que es fundamental para un desarrollo saludable. Sin embargo, una vez pasada la adultez, la pérdida auditiva es un problema de comunicación y socialización que tiene un impacto en todos los niveles, especialmente en la cognición.

La pérdida auditiva y el deterioro cognitivo tienen una relación estrecha, especialmente en la tercera edad, ya que a través del oído nuestro cerebro recibe estímulos del mundo exterior y, cuando la estimulación es interrumpida, se produce un aislamiento de los sonidos. Cuando una persona no escucha o no entiende bien las conversaciones, opta por aislarse hacia su propio mundo; incluso actividades como ir al cine, al teatro, a reuniones familiares o jugar con los nietos.

En el momento que se presenta la pérdida auditiva el cerebro recibe menos información, por lo que le cuesta trabajo entender los estímulos sonoros, especialmente los provenientes de conversaciones. Para suplir esta carencia, el cerebro debe dedicar más recursos para entender, lo que provoca que recuerde menos lo que le han dicho, o que comprenda solo algunos fragmentos de la conversación.

De forma inconsciente, una persona que no escucha bien se aparta de los entornos donde debe dedicar un esfuerzo adicional para entender, especialmente si nota que sus familiares o amigos le hablan más fuerte, percibe molestia en su voz (debido a la cantidad de veces que se le repiten las frases, o a los gritos para que le escuche), o se siente aislada de los demás.

Es en este punto cuando muchas personas comienzan a experimentar un deterioro cognitivo, ya que participar en las conversaciones es parte de la vida diaria, y al recibir estímulos limitados del exterior, el cerebro se ralentiza y las funciones cognitivas como la memoria se ven deterioradas. Aunada a la pérdida auditiva, factores como la hipertensión, el tabaquismo, diabetes, sedentarismo, obesidad, entre otras, pueden acelerar el deterioro cognitivo y contribuir al desarrollo de trastornos como la demencia senil.

Cuando la pérdida auditiva comienza a producirse en edades medias de la vida, de los 40 a 55 años, el riesgo de deterioro cognitivo y demencia es mayor, por lo que es importante tomar medidas en cuanto se detecten las primeras señales. El uso de aparatos auditivos ayuda a disminuir el deterioro de las funciones cognitivas relacionado con la sordera, ya que evita que el cerebro tenga que hacer un esfuerzo extra para analizar, comprender y recordar las conversaciones.

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